
Nombre: State of Decay Year One Survival Edition.
Desarrollador: Undead Labs.
Distribuidor: Microsoft.
Género: Acción – Aventura.
En una época donde los juegos de zombis están tan de moda, no podía faltar un título como State of Decay, que apenas hace unos ayeres fuese exclusivo de Xbox 360, y que en esta ocasión se traslada hacia su sucesora con la edición Year One – Survival Edition. Claro está, que nuevamente se cometen algunos errores que pudieron pulirse, y no se explota de lleno el poder de esta consola de actual generación. ¿Valdrá la pena adquirirlo entonces?
Este juego lanzado el día 28 de abril es, como tal, una versión remasterizada de la ya mencionada aventura con acción y no-muertos que tanto revuelo causó en su momento. ¿La diferencia? Que en este paquete encontrarán también las expansiones que hasta el momento han sido lanzadas, mejorando y ampliando la experiencia de los habidos supervivientes que han tenido el valor de ponerle las manos encima a este ambicioso proyecto.

State of Decay: Year-One Survival Edition sigue siendo el mismo juego con toques de sandbox – RPG, como cabría esperar. Las verdaderas mejoras radican en el apartado técnico de este producto, magnificando elementos visuales como los texturizados en general, las sombras, y la iluminación, como era de esperarse. Claro está que para los más veteranos esto no representará un verdadero factor de innovación, pero si quieren re-disfrutar la experiencia, esta es una buena oportunidad.
Ciertamente, y como mencionamos arriba, a nivel técnico la mejoría del juego es indudable: el título funciona a unos conseguidos 1080p de resolución (demostrando que la máquina de Microsoft puede conseguir esto fácilmente), lo que le ha hecho mejorar en varios aspectos –de rendimiento mayormente-. Por ejemplo el tipo de iluminación, la cantidad de sombras y cómo se unen con el entorno, el desdibujado en la distancia, etc. Sin embargo, el conjunto no termina de convencer. Desde la primera versión vista de este estado de decadencia, se ha venido arrastrando este “estilo” realista – acartonado, que en ocasiones desespera a la vista del más exigente; eso sí, se verán deleitados por hermosos paisajes de los que seguramente querrán tener un recuerdo (screenshot) en su disco duro.

El principal problema es la tasa de cuadros por segundo, que se vuelve loca en cuanto nos movemos un poco más de la cuenta. Parece difícil que esto ocurra, si tenemos en cuenta que estamos en una consola de nueva generación, pero ahí está el problema, tan palpable como los innumerables tirones que se aprecian desde el primer momento que entramos al juego. En general, la mejora gráfica se aprecia, pero los problemas que surgen a raíz de ella nos hacen sospechar que el verdadero problema de este juego no está en la potencia de la consola, sino en su propia programación.
Por supuesto, las mejoras gráficas no son el único reclamo para hacerse con el juego, que incluye numerosos cambios, algunos pequeños pero significativos, en la experiencia de juego. Por ejemplo, ahora cuando nos enfrentamos cuerpo a cuerpo con un zombi y el arma que estamos utilizando se rompe, no quedamos indefensos. Mientras que en la versión de Xbox 360 teníamos que atacar con los puños, ahora disponemos de un pequeño cuchillo que nos sirve para defendernos. No es especialmente efectivo si nos vemos rodeados por una oleada peligrosa de muertos vivientes, pero al menos nos da una oportunidad de sobrevivir que antes nos poseíamos.

Otro añadido importante es la multitud de nuevas armas que encontramos a medida que avanzamos por el todavía increíble mundo abierto de State of Decay. La mayoría de las armas siguen la esencia de las vistas en la versión original, pero algunas otras tienen añadidos que se agradecen, como la pirotecnia, los explosivos, y hasta los objetos punzo – cortantes que pueden ser lanzados al aire.
El juego también nos da la posibilidad de desbloquear a los personajes de las expansiones Lifeline y Breakdown, que no estaban en el juego original, y que poseen unas características, fortalezas y debilidades diferentes a las de los otros personajes.

Mención aparte haremos de las «nuevas misiones» incluidas en State of Decay: Year-One Survival Edition. Aunque hemos de decir que estas no son tan buenas como esperábamos que fueran; en la mayoría de ellas el objetivo seguirá siendo ir del punto A al punto B, mientras destrozamos un sinnúmero de contrincantes, exploramos y descubrimos nuevas cosas. ¿Les suena familiar? ¡Pues claro! Esto es lo que ya hemos estado haciendo todo el tiempo. La falta de agregados jugables se resiente demasiado, haciéndonos sentir en un constante ‘loop infinito’ o hasta en un déja vú, que en momentos se torna frustrante.
Sin duda los fans del juego apreciarán el aumento considerable en el número de misiones, pero si estás buscando un nuevo tipo de reto, algo original que no estuviera en la anterior versión, quedarás decepcionado. En general, parece que intentan vendernos lo mismo con algo de maquillaje, y aunque en ocasiones funciona, en otras decepciona demasiado.

Los momentos de acción, los combates y el manejo de las armas, uno de los puntos débiles de State of Decay, siguen ahí en la Year-One Survival Edition. Los movimientos y los ataques siguen siendo toscos y poco precisos, especialmente en el cuerpo a cuerpo, en el que es difícil acertar debido a la simpleza del sistema de combate.
Cuando usamos un arma a distancia, el apuntado sigue sin ser todo lo preciso que cabría esperar, haciéndonos pensar lo mucho que este juego tiene que envidiarle a los shooter tradicionales que han acabado perfeccionando este apartado.
Sin embargo, aunque flaquee en los momentos de acción, la supervivencia y los toques de sandbox y RPG siguen siendo uno de los puntos fuertes del juego. Lo cual es un poco triste, ya que en este sentido no hay grandes añadidos o mejoras. Es básicamente el mismo sistema, muy bueno, pero sin sorpresas.

Hay poco que podamos decir de la versión remasterizada de State of Decay. Las mejoras en el apartado técnico están ahí, siendo destacables, pero los tirones y otros bugs provocan que no se aprecien tanto como deberían. El juego original no era un ejemplo gráfico, y éste tampoco a pesar de los cambios. Los nuevos añadidos, como las misiones, armas o vehículos se agradecen, porque amplían el contenido de un juego ya bastante vasto de por sí, pero no aportan nada que no hubiéramos visto ya. Las misiones siguen la misma línea, los vehículos son los mismos de siempre y lo único que se salva un poco son los nuevos tipos de armas, especialmente la munición incendiaria, pero nada más.
En definitiva, un proyecto que los más acercados a la idea disfrutarán, pero que posiblemente dejarían pasar, dada la prácticamente nula innovación, y si se encuentran entre los curiosos que quieren acercarse a State of Decay, una trepidante aventura zombi los espera.
