Reseña | Mío o de Nadie.

Un drama digno de telenovela se presenta en los cines este fin de semana, Mío o de Nadie, una película de las que llaman en el idioma de Hollywood, “de fórmula” dirigida por la productora Denise DiNovi en su primera cinta en el banquillo de director y protagonizada por Katherine Heigl (Grey´s Anatomy) y Rosario Dawson (Sin City).

En esta película Heigl interpreta a una mujer recientemente divorciada llamada Tessa quien no puede soportar la idea de que su ex-marido David (Geoff Stuts) está a punto de casarse con una mujer llamada Julia (Dawson), la cual parece haber encontrado al hombre de sus sueños después de una relación turbia. Dicha situación hará que Tessa haga cosas extremadamente malas para recuperar a su ex-marido o morir en el intento.

Mío o de Nadie, dura 100 minutos, pero pueden sentirse tan largos como un arco de capítulos de telenovela, de hecho, la introducción de los personajes pinta para ser un tanto larga, aunque con la intención de colocar bien las piezas en el tablero, de describirnos cómo Julia, ha decidido abandonar su vida pasada huyendo de su pasado y que encuentra paz y felicidad con su nuevo galán, mientras Tessa, hervida de los celos, comienza a desarrollar una actitud casi psicópata ante la situación.

Y no queda ahí más que retomar de nuevo el concepto de “cine de fórmula” y darnos cuenta que estamos ante una de las narrativas más sencillas y baratas que podemos hacer en el cine, la protagonista (Dawson), la antagonista (Heigl), un conflicto y…. nada más. Tan sencillo como armar la telenovela que quieran, el conflicto amoroso que quieran, ese que puede llegar a muchos extremos, solo que las telenovelas, por lo menos las que se hacían hace veinte años, tenían más detallitos que hacían interesante el “culebrón”, como una buena razón de fondo para retener a la persona pretendida (no nomás celos, a veces había empresas y dinero de por medio), pero aquí no hay mucho de donde agarrar.

Es una cinta muy predecible, donde notas que las dos actrices parecen mostrar el “bien en toda su pureza“ y el “mal encarnado” sin dar siquiera oportunidad a presumir algunos tonos de gris, y no, no hablamos solo de la cuestión de que ambas actrices sean de diferentes razas, sino del hecho que hasta el vestuario hace verlas irremediablemente de distintos colores, como si la producción nos hiciera pensar más en un partido deportivo americano que en un thriller de intrigas.

Y dicho partido hasta parece de esos arreglados en la lucha libre donde ambas chicas, Heigl y Dawson, hacen sus personajes de manera natural, vamos, no es tan complicado a Heigl realmente plantarse como la mujer caprichosa y obsesionada mientras Dawson se planta como la chica que sufre por las maldades de la villana, pero aparte de eso, no hay más, solo vemos dos lindos rostros, dos hermosas mujeres que pelean por el amor del hombre en discordia sin que este haga algo al respecto, vamos ni siquiera un cuarto en discordia es de mucha ayuda en realidad, solo nos muestra la posibilidad de usar el pasado en contra del personaje principal a punta de patadas y después sacarlo de la historia de la misma manera.

Vamos, esa fórmula cinemática de “mujer obsesionada por el hombre que ama” lo hemos visto en otras cintas, elaboradas más o menos de mejor manera, como paso con Glenn Close y su guisado de conejo en Atracción Fatal o con Rebecca de Mornay y su obsesión de destruir la familia de los niños que cuida en La Mano que Mece la Cuna. La directora pudo haberlo guiado en esos rumbos millenials que el cine necesita para atraer nuevas audiencias, pero termina haciendo una cinta que, realmente, no amerita ni siquiera la vuelta al cine. Una cinta tan olvidable que demerita su propio título en inglés (Unforgettable).

Lo más interesante de todo es toda la buena fe que la directora intentó imprimir en el desarrollo de su cinta, ese tipo de buena fe que hizo apostar el final a darnos pie a entender que estaban dispuestos a hacer una secuela, algo así como cuando ves a un niño terminar una larga, aburrida y mal hecha presentación y todavía te ve con esa sonrisa adorable como esperando que le des buenas calificaciones.

No tengo mucho que decir en cuanto a la producción de la cinta, la fotografía y la banda sonora son un tanto regulares y la última intenta manipular un poco las emociones de la audiencia.

Si de por si la fórmula de las telenovelas se ha repetido tanto que ya ha perdido audiencia por la falta de originalidad en la creación de personajes o historias que realmente cautiven al espectador. Una película como Mío o de Nadie solo se resume a aquellas personas que aún disfrutan de estas torturas repetitivas que propone la televisión de lunes a viernes, cuyo único beneficio es que dura menos de dos horas y su mayor perjuicio es que cuesta verlo en el cine, sin contar claro, con lo que consumas dentro de la sala. Véanla bajo su propio riesgo.

Juan C. Barbosa

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