Reseña | Animal Crossing: New Horizon.

A Veces olvidamos los placeres simples de la vida en medio de nuestra cada vez más agitada sociedad, cuya ansia y afán reside en la búsqueda del dinero y una superficial felicidad arraigada en bienes materiales. Olvidamos que no solo venimos a esta Tierra a pagar impuestos, comprar una casa y sembrar un árbol, subsistir en medio del caos y así dejar una descendencia que perpetúe nuestro ADN. Esclavos de la implacable evolución, títeres de megalómanas fuerzas superiores.

Esa es la definición básica de nuestra realidad, pero también una que describe la esencia de Animal Crossing –con excepción de la descendencia–. La franquicia desarrollada por Nintendo EAD/EPD siempre ha actuado como un simulador de vida para escapar a una idílica comunidad de animales antropomórficos con diseños inocentes, pero con pensamientos profundos y reflexiones filosóficas más maduras que cualquier otro título pretencioso. Aún así y a pesar de la similitud entre el mundo real y el virtual, vivimos días extremos y necesitamos más que nunca de Animal Crossing: New Horizons.

Dos entregas caseras (GameCube, Wii) y dos portátiles (DS, 3DS) en la línea principal de la serie consagran su genealogía en un solo exponente gracias a las bondades de Nintendo Switch. Sin embargo, mientras no era mucha la evolución que se podía extraer entre las cuatro anteriores ediciones de Animal Crossing, en este nuevo juego para la consola híbrida al fin podemos ser testigos de mejoras substanciales a favor de sus mecánicas.

Tras ver la propuesta de Game Freak con un espacio abierto de cámara libre como el ‘Área Silvestre’ de Pokémon Sword/Shield, no inmenso pero si efectivo y prometedor, cualquiera pensaría que el paso natural con New Horizons sería permitir algo similar en las comunidades animales, pero no ocurre así. El simulador de vida de Nintendo corrige algunas falencias interactivas del pasado, pero conserva una cámara inamovible fuera de la casa propia y un campo de juego que se desplaza en forma de cilindro.

Puede que este sea el estándar y la marca personal de la saga, tampoco es que esté roto, pero sería interesante ver cómo se desarrollaría si su desplazamiento de cámara permitiese ver una circunferencia más allá del plano bajo y algo del firmamento. Pese a que en esta ocasión se nos envía a una isla desierta, nos imponen los mismos límites hacia los diferentes puntos cardinales: rocas al norte, mar al sur, igualmente al este y oeste (por aquello de ser isla). A esta isla no llegamos como alcaldes con poderes especiales, sino como turistas en busca de un escape tropical, como lo indica el título New Horizons. Esto no es impedimento para el empresario Tom Nook, quien poco a poco nos va involucrando en asuntos civiles y administrativos al solicitarnos ayuda para construir en terrenos baldíos, los cuales ignoramos qué tan propiedad legal sean de él. Así es como un simple campamento con dos iniciales vecinos, se va transformando lentamente y con el paso de los días en otro legendario pueblo patrocinado por el conglomerado Nook.

Tenemos que ser claros en algo, estas no son las idílicas vacaciones que se nos prometieron. En Animal Crossing: New Horizons también deberás trabajar cada día en busca de dinero, se nos animará con frecuencia en dejarnos llevar por el consumismo, y pese a que no se nos cobren intereses por mora, tendremos que pagar un crédito por una casa construida literalmente de la noche a la mañana, ubicada donde antes solo teníamos una humilde tienda de campaña. Nuestro inocente protagonista no esperaría terminar trabajando en una lejana isla como ingeniero civil, obrero, carpintero, decorador de interiores, agricultor, jardinero, entomólogo o ictiólogo; pero esto es Animal Crossing, no puedes darte el lujo de simplemente no hacer nada. ¿O si? La verdad es que, como la vida misma, es decisión tuya y no reglas autoimpuestas por el juego. Si así lo quieres, puedes pasar cada día en la isla viviendo de camping, comiendo frutas locales, charlando con los vecinos, celebrando festividades según la fecha y así, sin afán. No serás penalizado, no serás expulsado por vivir la vida como la quieras vivir.

Pero también existe la otra cara, con la opción de pescar cada una de las especies marinas disponibles por temporadas, atrapar insectos y arácnidos, excavar en busca de fósiles prehistóricos para donar a un museo que también decide montar sede en la antes desierta isla. Todo eso requiere de buen trabajo, grandes dosis de tiempo a diferentes horas del día, y está en la voluntad de cada jugador el hacerlo o no. Afortunadamente, en New Horizons los espacios del inventario han sido ampliados y recibido la opción de expandirse, además de acumular en un solo lugar varias cantidades de objetos de la misma clase. Las herramientas de uso común como pala, hacha, red, caña, regadera, cauchera, garrocha y una escalera portátil, pueden ser delegadas a un ‘anillo de herramientas’, con el que se accede fácilmente a las mismas como atajo sin tener que abrir el menú. Aunque esto no libera el espacio que ocupan, evita la molestia de siempre rotar por todas las herramientas para equipar la deseada.

Adaptándose a las nuevas tecnologías, Tom Nook nos presenta su propio teléfono inteligente o Nook Phone, gracias al cual podemos acceder a diversas aplicaciones que actúan como funciones naturales del juego, como el modo fotográfico, la enciclopedia de criaturas, un catálogo de creaciones de objetos, mapa, editor de diseños, y una de las adiciones más importantes, las Millas Nook. Este es un sistema calificatorio que otorga puntos redimibles al realizar ciertas actividades comunes, algo así como logros pero con objetivos sencillos como pescar, talar, cosechar, vender, etc.

Las Millas Nook obtenidas se pueden canjear por mejoras como expansores de inventario, tipos de peinado, tiquetes a otras islas aleatorias (viaje de una sola ocasión), recetas de “hazlo tú mismo”, entre otros objetos y prendas temáticas de Nook. El solo jugar a través de un día normal en New Horizons va generando millas sin siquiera proponérselo, y así las notificaciones del Nook Phone constantemente nos distraen de la isla para abrirlas y revisar qué hay de nuevo. ¡Tan impertinente como los celulares del mundo real! Dosis de dopamina a diestra y siniestra cortesía de Tom Nook.

Sobre el espinoso tema extraoficial del viaje en el tiempo, no somos quienes para decirte cómo vivir tu vida virtual en Animal Crossing, tampoco hay Mr. Resetti en New Horizons –debido al autoguardado– que lo juzgue. Pero un mundo creado para ser vivido un día a la vez pierde su razón de ser al infligir las leyes temporales. Es en su reloj en tiempo real donde reside el encanto del juego, el paso de las festividades o estaciones, y no es posible apreciar del todo cualquier ávaro motivo para arrebatárselo.

Gracias a Nintendo por la copia del juego para hacer esta reseña.

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