Reseña | Trials Rising.

Pese a que con algunos recientes lanzamientos estemos perdiendo un poco la perspectiva, los videojuegos fueron concebidos como una forma de ocio claramente orientada al entretenimiento y a la diversión. Y esta es la idea que siempre ha calado entre las paredes de Redlynx, una subsidiaria que Ubisoft tiene en las frías tierras de Finlandia, y que lleva desarrollando la saga Trials desde hace casi 20 años. Para quienes no conozcan la serie de juegos de habilidad sobre vehículos de dos ruedas, ésta empezó siendo un título para navegadores y móviles de la época de los desarrollos en Java, y su llegada supuso un verdadero desafío a la gravedad, atravesando y superando circuitos tan locos como divertidos.

Lo que empezó siendo un juego de la categoría Trial de motociclismo con un carácter muy desenfadado, terminó evolucionando hacia una especie de juego de plataformas motorizado, que es bien conocido por lo desafiante y adictivo que resulta. Ahora nos llega Trials Rising, la nueva incursión de la franquicia en esta generación, tras Trials Fusion y el bizarro crossover Trials of the Blood Dragon.

En Trials Rising volveremos a enfundarnos el mono de piloto y a meternos de lleno en la acción más desenfrenada con las carreras más sorprendentes. Tanto en su experiencia en solitario como en la multijugador, terminaremos con callos en las manos al maniobrar y dar gas viajando por circuitos insólitos de todo el mundo, y descubriendo nuevas formas de competir. ¿Merece la pena tal riesgo y desembolso? ¡Arrancamos!

La propuesta jugable de Trials Rising mantiene la fórmula: ir del punto A al punto B superando lo más del tirón posible, los obstáculos, loopings, explosiones, saltos y caídas espectaculares que a nuestro paso se van sucediendo. Empezaremos con los inteligentes tutoriales de la Universidad de Trials para calentar el tubo de escape, y ya posteriormente nos lanzaremos a las primeras pruebas presentadas a través de un mapamundi en el extenso modo Carrera, que consta de 9 ligas con entre 8 y 10 trazados cada una, un gran torneo final con tres fases eliminatorias, y constantes tiempos de carga que cortan un poco el dinamismo entre prueba y prueba.

Los primeros trazados serán más fáciles, y poco a poco se irán desbloqueando los siguientes e introduciendo elementos que aumentarán sutilmente la dificultad, algo que nos exigirá cada vez más pericia con el mando, tanto a la hora de equilibrar a nuestra moto y piloto, como a la de maniobrar con técnicas propias de este deporte. En este sentido la curva de aprendizaje está perfectamente implementada, gracias a un control jugable muy preciso, y a que con el conocimiento adquirido querremos seguir intentando esa carrera que se nos resiste, y sintiendo cada prueba completada como un pequeño triunfo que siempre nos dejará con ganas de descubrir la siguiente.

Además de tener que completar las carreras en el menor tiempo e intentos posibles, a medida que avancemos aparecerán los Patrocinadores, unos sujetos que nos irán ofreciendo diferentes contratos y desafíos, desde obligarnos a utilizar un vehículo concreto para completar la carrera, como a ejecutar mortales hacia adelante o hacia atrás, realizar un número determinado de segundos haciendo el “caballito”, etc. Y como no, los Minijuegos, en los que nos encontraremos con pruebas tan inverosímiles como saltar explotando sobre bidones para llegar lo más lejos posible, o lanzarnos desde la moto para alcanzar un balón de baloncesto y lograr encestarlo en una canasta.

Hagamos lo que hagamos en Trials Rising aumentaremos nuestros niveles de popularidad, y con cada uno de ellos recibiremos un tedioso tiempo de carga y una caja de personalización. Dentro de cada una de estas cajas encontraremos elementos cosméticos como pegatinas, componentes para las motos, prendas… pero todo dentro de una variedad muy limitada y lo que es peor, repetitiva. En mis horas de juego para realizar este análisis he llegado a tener varios objetos varias veces repetidos, y eso solo consigue que si bien al principio este sistema de premios motiva, al cabo de pocos niveles pierde todo el sentido, quedando solo para el interés de aquellos que quieran conseguir cosas pagando con dinero real en la tienda del juego.

En cuanto a las protagonistas absolutas de Trials Rising, las motos, nos encontramos con una más rápida, una más adecuada para el agarre, una más ágil, una más pesada, una bicicleta tipo BMX y la novedad de esta entrega: la moto Tándem, con la que dos jugadores en local tienen que controlar el equilibrio y la potencia al mismo tiempo, en una modalidad que puede servir tanto como “risoterapia” como para perder una amistad o divorciarse. Divertido y arriesgado a partes iguales.

Trials Rising bebé de las bases de sus entregas anteriores, pero con una carga gráfica más acorde a la actualidad. El aumento en las texturas con respecto a Trials Fusion es más que evidente, así como en los detalles de los trazados y en la profundidad de los escenarios. Aunque todo es ciertamente mejorable, se siente bastante nítido gracias a un apartado gráfico actualizado, y a los 60 fotogramas por segundo a los que todo se mueve, especialmente en Xbox One X, consola que cuenta con una versión mejorada y una resolución en 4K.

Los escenarios vuelven a tener una perspectiva lateral en las 2.5D tan características de la saga, aunque ahora cuentan con más elementos escalables en pantalla y más objetos. Además, y parecía imposible, la originalidad y las locas ideas de este estudio vuelven a quedar plasmadas en una gran cantidad de variados circuitos que nos llevan por todo el mundo, donde atravesaremos desde estudios de cine con escenas cambiantes, hasta un largo tren de mercancías, la Tomatina valenciana, la Gran Muralla china o la pista de un portaviones. Siempre habrá algún elemento que nos sorprenda la primera vez que recorramos un escenario, e incluso soltaremos alguna que otra carcajada, porque de humor como ya es costumbre, va muy sobrado.

La presentación viene con textos en castellano, aunque en ausencia de una de las marcas de la casa, Ubisoft ha decidido no incluir doblaje al español, ni falta que le hace, pues no tiene ninguna trascendencia en el devenir del juego. En cuanto al apartado sonoro, los efectos cumplen rayando a un nivel bastante decente, y la banda sonora, como no podía ser de otro modo en un juego de deporte extremo, cuenta con temas muy cañeros y licenciados, de la talla de grupos como Mötorhead o Stone Temple Pilots.

Trials Rising es un juego con una duración incalculable. A su largo modo Carrera con sus locas pruebas en los Minijuegos y los tutoriales de la Universidad Trials, que nos llevarán muchos intentos completar y ya no digamos perfeccionar, hay que sumar los modos en compañía. Tenemos el modo Fiesta, donde cuatro jugadores pueden reunirse localmente para competir entre sí; el modo Multijugador Global, donde se juega contra otras siete personas en carreras online y que además funciona bastante bien; y como extra encontramos un Editor de Pistas, tan potente como dudosamente apto para los que no estamos licenciados en ingeniería civil. Las pistas que diseñemos podrán ser compartidas con la comunidad, y también podremos jugar en las de otros, así que ¡imaginaros la de horas que Trials Rising puede dar!

Por si esto fuera poco y nos quedásemos sin contenido, Ubisoft está trabajando en las expansiones que vendrán con su pase de temporada, que prometen nuevos circuitos, vehículos y otros extras. Vamos, que hay Trials Rising para rato.

Trials Rising es la vuelta por todo lo alto de la saga de plataformas motorizadas, y su mejor entrega hasta la fecha. Viene envuelta en una actualización gráfica con muchos más elementos por circuito y las mecánicas más locas que te puedas imaginar. La profundidad y belleza de la Carrera principal junto al resto de modos, garantizan muchas horas repartidas en largas sesiones de juego. Se consigue gracias a un control excelso y a una buena curva de aprendizaje que enganchan desde el primer minuto, tanto a los veteranos de Trials como a los que se acercan a él por primera vez.

Sin embargo, la inclusión de personalización a base de cajas de loot no pinta demasiado y está mal implementada, suponiendo poco premio para tanto esfuerzo con el mando. Tampoco ayudan los constantes tiempos de carga que le restan dinamismo y frustran el ansia del: “una más y me voy”. Aun con todo mantiene la esencia, la locura de la serie y la diversión. Especialmente esto último, que nunca nos falte.

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