Reseña | Dragon Ball Z Kakarot

Dragon Ball no es una propiedad que sufra por falta de juegos o un descenso en popularidad, pues en todas las plataformas desde la tercera generación hemos contado con exponentes que principalmente se enfocan en el género de peleas. Décadas después el mundo todavía aclama las aventuras de Goku y los guerreros Z, dando paso a una nueva era con el ‘manganime’ Dragon Ball Super, películas, y la correspondiente mercancía.

Pero fue Dragon Ball Z la que más huella dejó en el público general (pese a que la primera serie con Goku niño sea digna de resaltar). Todos esos arcos argumentales donde desde el principio se nos profundizaba en el pasado de Goku, su familia de despiadados guerreros, emperadores intergalácticos, poderes más allá de la imaginación y tramas más serias pero con sus innatas cuotas de humor, cautivaron no solo a la audiencia infantil o adolescente sino a una amplia gama de adultos que hasta el día de hoy la recuerdan con cariño.

Más adelante varios guiños a la cultura pop de los ochenta y principios de los noventa se dejarían ver en arcos como la saga de los Androides y Cell, terminando con una épica como Majin Buu, donde Goku revelaría su máximo poder y los planes de Akira Toriyama para dejar a Gohan como el sucesor protagonista serían drásticamente revertidos. El carisma y estelaridad de Goku o Kakaroto, su nombre real Saiyajin, eran muy grandes como para quitarle el peso de la marca que cargaba sobre sus musculosos hombros.

Independientemente de lo que le siguió, Dragon Ball Z generó las suficientes legiones de fanáticos. Propietarios de la licencia para videojuegos, como Atari, se dedicaron a descansar con base en la fama precedida y cedieron al desarrollo de varios exponentes con dudosa calidad. Arc System Works (Supersonic Warriors, FighterZ) y Dimps (Advanced Adventure, Xenoverse) serían de los pocos que se rescatarían, a ellos se une CyberConnect2 con Dragon Ball Z: Kakarot, cuyas ganas de exponer el mundo creado por Toriyama con mucho respeto lo hace merecedor del aprecio por parte de los seguidores.

No es una sorpresa ni ningún secreto que el juego cuente de principio a fin los eventos de Dragon Ball Z, al fin y al cabo está en su título y fue parte de la promoción del mismo. Así que los jugadores pueden esperar revivir los hechos más importantes que se vieron en el ‘anime’ a través de la llegada de los Saiyajin a la Tierra, el viaje a Namekusei y la batalla contra Freezer, el ataque de los Androides, los juegos de Cell y el despertar de Majin Buu. Sin embargo, contrario al mismo título, no es Kakaroto el único protagonista controlable de esta historia y en ocasiones dudamos la necesidad de bautizar el juego con su nombre cuando personajes como Gohan, Piccoro, Vegeta o Trunks ocupan buena parte del argumento.

El caso con Gohan es uno muy similar al de Anakin Skywalker en Star Wars (otra clara inspiración para Toriyama), pues lo conocemos y controlamos desde niño, pasando por adolescente y joven adulto. Puede que no se convierta en villano, pero su definida personalidad pacifista lo aleja de tomar la antorcha de grandeza ostentada por su padre. Kakarot no es necesariamente un juego exclusivo de Goku, pero tampoco un punto que se considere como deficiencia.

Cuando nos dedicamos a los segmentos del personaje titular, sorprende la ausencia de partes clave como por ejemplo el recorrido en el Otro Mundo. Hubiese sido genial recorrer el Camino de la Serpiente, caer accidentalmente en el ‘infiernogro’, volver al comienzo del Camino de la Serpiente, llegar al pequeño planeta de Kaio-sama y entrenar con una gravedad superior, antes de regresar a la Tierra a enfrentar a Vegeta y Nappa. No es porque sean originalmente episodios de relleno en el ‘anime’, de lo contrario el “mejor episodio en la historia de Dragon Ball“ no habría recibido su propio minijuego.

Esos momentos sin Goku son aprovechados por personajes como Gohan en plena supervivencia, o su maestro Piccoro. Con todos es posible explorar los mapas de juego que pese a no ser mundo abierto, gozan de tamaño considerable. Desde un hub se escoge la zona por visitar, sea la región del Este donde se ubica la casa de Goku, o las islas donde yace el hogar del Maestro Roshi, o la Capital del Oeste donde se encuentra la Corporación Capsula, cerca a la Torre de Karin y el Templo Sagrado de Kami-sama, entre otras locaciones, aldeas y ciudades pequeñas. Pero ya que la historia no solo se centra en la Tierra, también tenemos oportunidad de visitar Namekusei y salvar al pueblo de Piccoro.

Los mapas cuentan con barreras invisibles en ocasiones impuestas por el argumento, pero las áreas habilitadas es posible recorrerlas a pie, corriendo a súper velocidad (satisfactorio), volando, o volando a súper velocidad con consumo de ki (muy satisfactorio). Desde el comienzo se puede usar la nube voladora pero después comprendemos por qué Goku dejó de usarla, temas de kilómetros por hora. Más adelante en la trama podemos conducir vehículos y construir nuestro propio robot bípedo (a lo Metal Gear), aplicable al susodicho mejor episodio de la serie y con opción de vista en primera persona. Lamentablemente nada se iguala a volar para cubrir amplias distancias.

Aparte de las misiones obligatorias de los arcos principales, repartidos en los mapas se encuentran las misiones secundarias que profundizan en personajes del folclore de Dragon Ball, así como objetos coleccionables y muchos ‘Orbes Z’ de colores, necesarios para aprender nuevos súper ataques en el árbol de habilidades de cada personaje. En un principio es normal empezar a acumular cada orbe que se nos cruza, pero con el paso del juego también es normal no prestarles atención debido a su sobre abundancia.

En DBZ: Kakarot es posible recolectar las ‘Esferas del Dragón’ –repartidas en el mundo tras los eventos de Freezer– y cumplir deseos como volver a la vida a jefes enemigos derrotados (nada inteligente en teoría), recibir miles de Zenis u Orbes Z. Como en la serie, cada vez que se usan se dispersan y convierten en piedra, sin poder pedir otro deseo hasta pasado cierto tiempo. No dejan de ser graciosos los límites predefinidos de los deseos, pero del mismo modo es un detalle coqueto que las hubieran incorporado a la mecánica de exploración.

Cuando no enfocamos en la motivación de los guerreros Z, las peleas, el juego brinda dinámicas sesiones que pueden resultar monótonas por el tipo de enemigos, más no por su rápida y efectiva ejecución. No que sea una diferencia abismal, pero cada personaje controlable cuenta con sus propios ataques especiales característicos y resultan tan vistosos como se esperan. Pero fuera de los jefes menores y mayores que todos conocen, los enemigos comunes regados en el mapa son Robocalaveras, Saibaimen, Soldados de Freezer y así; repetidos una y otra vez, la mayoría débiles (algunos se derrotan al instante volando veloz) pero otros con un aura rojiza, elevados a niveles superiores artificialmente. El equivalente a relleno en el juego.

Las batallas contra los jefes si se sienten parte del mundo propuesto y gozan de las mismas emociones de antaño. Pese a conocer cómo resultan narrativamente de antemano, es innegable que revivirlas tomando el control las hace excepcionales. Además porque cada sonido de movimientos, ataques y temas musicales son remasterizaciones de los escuchados en el ‘anime’, generando más familiaridad y empatía con Goku y compañía.

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