Reseña | Ghost of Tsushima

Japón Feudal como ambientación para un videojuego no es una novedad. Durante los últimos 30 años, decenas de franquicias han tomado inspiración de las grandes batallas del período Sengoku y sus personajes más icónicos. OnimushaSengoku Basara y Tenchu son algunas de las más conocidas. Aunque no tan numerosos, varios títulos se ambientan en medio de la relativa paz del periodo Edo. Entre estos se encuentra Ryū ga Gotoku Kenzan! y Way of the Samurai 4.

Como puede apreciarse, la mayoría de juegos ambientados en el Japón Feudal han venido del país del sol naciente. Si bien esto no quiere decir que estudios occidentales no hayan sacado provecho a la historia y cultura de Japón, el tratamiento de estos aspectos ha sido mucho más superficial. Con la excepción de Shogun: Total War, resulta difícil pensar en una saga occidental que gire alrededor del Japón Feudal.

Por esa razón, Ghost of Tsushima resulta un juego tan importante y llamativo. Es la primera vez que un estudio occidental AAA ambienta completamente su juego en el Japón Feudal. No menos importante, el título se desarrolla en medio de las invasiones mongolas a Japón —un evento histórico generalmente ignorado en la industria de los videojuegos— y hace gala de un amplio mundo abierto. Desde su anuncio en Paris Games Week 2017, había múltiples razones para estar pendiente de su desarrollo. Sin embargo, después de tres años de espera, ¿Ghost of Tsushima es la gran exclusiva que los usuarios de PlayStation 4 estaban esperando? Aquí vamos a averiguarlo…

Si bien la trama de Ghost of Tsushima está basada en las invasiones mongolas, cabe señalar que Sucker Punch Productions tomó varias libertades creativas. Estas van desde la introducción de personajes 100% ficticios —entre los que destaca el antagonista principal, Khotun Khan— hasta diseños de armaduras que no corresponden al periodo histórico. Por supuesto, todo esto se hace en pos de entregar una historia original y visualmente más espectacular. Es una lástima que, con excepción de unos contados momentos, la trama general sea poco memorable.

La historia de Ghost of Tsushima comienza con la llegada de las fuerzas mongolas a las costas de Tsushima. Shimura, gobernador de la isla, reúne a los clanes para poner un fin a la invasión. No obstante, la superioridad numérica de los mongoles y sus tácticas militares terminan diezmando a casi todos los samurái. Los únicos que sobreviven son Shimura —que es tomado como rehén— y su sobrino: Jin Sakai.

Aun con su armadura destrozada, Jin decide ir a salvar a su tío y expulsar a los invasores de su hogar. Sin embargo, no tarda en llegar a la conclusión de que los mongoles no pueden ser derrotados siguiendo el código de honor al que se ha ceñido toda su vida. Lo que Tsushima y sus habitantes necesitan no es un samurái, sino un fantasma. Qué afortunado que la transformación de los valores de Jin —producto de su desencanto hacia el código del samurái— sea la mayor fortaleza de la trama. Esto se debe a que la decisión del protagonista es apoyada por la propia jugabilidad.

Tras un decisivo evento, que obliga a Jin a cruzar la raya, Ghost of Tsushima introduce las mecánicas básicas del sigilo: el asesinato silencioso y el oído agudo. Aunque los jugadores bien pueden superar el juego de forma «honorable», Ghost of Tsushima deja claro que el sigilo es la forma más óptima de acabar los mongoles. Esto es reforzado por el hecho de que el número de enemigos aumenta a medida avanza la aventura, por no mencionar que su armamento se vuelve más avanzado.

Lo anterior no quiere decir que el sistema de combate no sea funcional u óptimo. Jin posee un ataque débil, uno fuerte, un bloqueo y una acción evasiva. Mientras que los ataques débiles son los más veloces, los fuertes son capaces de romper las defensas de los oponentes. Además de bloquear y esquivar ataques, Jin puede desviarlos si los bloquea en el último momento. Esto permite que haga un ataque crítico. Además de su barra de vida, Jin tiene una barra de Determinación. Esta puede rellenarse al matar enemigos y desviar sus ataques. Su principal aplicación consiste en ser la fuente de curación del protagonista. Sin embargo, adquiere otros usos.

Eso no es todo. Al observar y acabar con líderes mongoles, Jin puede aprender nuevas posturas. En total son cuatro —piedra, agua, cielo y la luna— y cada una posee habilidades únicas. Más importante, cada postura es especialmente efectiva contra una clase de enemigo específica. De esta forma, Ghost of Tsushima incentiva el constante cambio de posturas para adaptarse a la situación. Desafortunadamente, si bien el cambio puede hacerse en tiempo real, puede resultar algo irresponsivo. 

Las armas del fantasma sirven como un as bajo la manga en medio de los combates y herramientas que facilitan el sigilo. Ya que no hay forma alguna de ‘grindear’ puntos de técnica —al fin y al cabo, hay un número limitado—, los jugadores deben invertirlos cuidadosamente en las habilidades y armas de su preferencia. Esta «personalización» es complementada por un generoso apartado de construcción de ‘builds’ gracias a los efectos de las diferentes armaduras —que pueden mejorarse junto con todas las herramientas de Jin al invertir materiales específicos— y los amuletos. Estos últimos son accesorios con una gran variedad de efectos pasivos. Pueden alinearse de forma que Jin se convierta en un espadachín implacable, un arquero infalible, un fantasma indetectable o una mezcla balanceada de lo anterior.

En Ghost of Tsushima hay dos tipos de amuletos: menores y principales. Los primeros pueden conseguirse al completar misiones y conceden leves mejoras estadísticas. Los segundos se obtienen al llegar a la cima de los santuarios sintoístas repartidos a lo largo de la isla y conceden toda clase de habilidades pasivas.

Sin embargo, los amuletos no son la única razón por la cual los jugadores deben explorar la isla. La más evidente es el impresionante trabajo hecho por Sucker Punch Productions a la hora de crear Tsushima. Este mundo abierto rebosa de vida gracias a la variedad de escenarios, el detalle gráfico en cada uno y la combinación de efectos sonoros y visuales. Estos últimos invitan a sacar provecho al versátil modo fotografía. Otra razón es que este es un mundo abierto repleto de secretos. Desde desafíos que aumentan la Determinación hasta coleccionables que permiten personalizar la apariencia de Jin —que pueden hallarse con ayuda del viento y los animales de la isla, cabe recordar—, los jugadores tienen buenas razones para perderse en Tsushima.

De principio a fin, Ghost of Tsushima es un placer para la vista. Resultará difícil que los jugadores no se pierdan en los hermosos paisajes de la isla. La gran cantidad de coleccionables repartidos a lo largo de Tsushima servirán como un incentivo extra y justificarán un generosa inversión de tiempo en la aventura de Jin Sakai. No obstante, ¿es la gran exclusiva que los usuarios de PlayStation 4 estaban esperando? Incluso si la ejecución de sus mecánicas —tanto de combate como de sigilo— y su presentación son sobresalientes, Ghost of Tsushima no pone novedad alguna sobre la mesa. Como juego de mundo abierto, su cualidad más novedosa es su ambientación… y eso puede terminar decepcionando a algunos jugadores.

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